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domingo, 1 de junio de 2014

cuento 56

Estas sola, muy sola.
Creías que lo tenias todo y caíste en un espiral del que no podes salir.
En silencio pensás que podes contra todos los fantasmas, pero en el fondo sabes que no.
Tu juventud es efímera, tu sublimidad también.
Tu perfume a traición se huele desde lejos. Ese salvavidas se eta hundiendo lentamente.
_______________________________________ muerte repentina

_____/\_/\__/\_/\__/\_/\__/\_/\__/\_/\____ volvió el pulso

vida infinita,  por suerte

y llueven palabras.............

Tristeza  amor  dolor  egoísmo  libertad  sinceridad  locura  temor  bronca  alegría  soledad  esperanza mentira honesta, sinceridad, fiel, optimista, pura, agradable, unicos, sonriente, trabajador, respetuosa, amigable, radiante, lumbrera, luz, bienaventurada, creatividad, 


y el cielo deja de llover y lo gris empieza alejarse







sábado, 6 de julio de 2013

La leyenda del dragon negro .


Cuenta la historia, que en la época medieval, un dragón negro

despertó de su largo letargo, en una oscura noche de octubre.

En sus alas, este enorme dragón negro, llevaba consigo una leyenda...

Cuando este despierte, sobrevolaría los pueblos y en su volar, perdería

Algunas de sus escamas.

Estas escamas caerían en la tierra, y quien las encuentre , podría cumplir con solo pedirlo el deseo que quiera.

Sin embargo también se sabe que si estas escamas llegaran a caer en manos equivocadas, traería para la humanidad, un futuro destructivo.

En la oscuridad de esa noche de octubre, el dragón desplegó sus alas, y voló sin destino fusionándose con el cielo. Mientras se perdía con el azul de la noche, unas escamas negras se soltaron de el.

 

Mucha gente dejo de buscar las escamas, ya que al no encontrarlas supusieron que era solo una historia más…

 

Yo creo que deben estar en algún lugar, esperando ser despertadas.

 

 










martes, 7 de abril de 2009

Locura y Realidad

Un Psiquiatra le pregunta a una paciente:

¿Usted ve lo que llevo alrededor del cuello?

Un corbata, respondió.

Muy bien su respuesta es lógica y coherente,
propia de una persona completamente normal
"Una corbata"

Un loco sin embargo, diría que yo tengo
alrededor del cuello una tela de colores,
ridícula, inútil, atada de una manera complicada,
que termina dificultando los movimientos de la cabeza
y exigiendo un esfuerzo mayor para que el aire pueda
penetrar en los pulmones.
Si yo me descuidara estando cerca de un ventilador,
podría morir estrangulado por esa tela.

Y si un loco me preguntara para que sirve una corbata,
yo tendría que responderle:
para absolutamente nada, ni siquiera para adornar,
porque hoy en día se ha tornado
en el símbolo de la esclavitud,
del poder, del distanciamiento.
La única utilidad de la corbata,
consiste en llegar a la casa y poder sacárnosla,
dándonos la sensación de que estamos libres
de algo que no sabemos qué es.

Aún así, si yo le pregunto
a un loco y a una persona normal
qué es eso, será considerado cuerdo
el que responda: "una corbata"
No importa quién dice la verdad,
importa quién tiene razón.

FRAGMENTOS DE
"VERONIKA DECIDE MORIR" PAULO COELHO

martes, 10 de febrero de 2009

Esperando al colectivo

La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer,

alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
(Thomas Chalmers)


¿Hay algo mas frustrante que esperar un colectivo que no llega?, no se si lo hay.
Bajarse a la calle para ver si viene a lo lejos… y a lo lejos se ve una sombra de un número, pero no es el colectivo que te corresponde tomar.
Y pasan muchos colectivos en esos quince minutos de espera, pero ninguno es el que vos querés tomarte.
Y arriba de ese colectivo que no es, mientras espera la luz verde para seguir su camino, ves a una chica hermosa, con la que pensas que seguro te pondrías de novio y queres que te mire, solo eso, pero no... nadie se da cuenta de tu presencia en la vereda, esperando un colectivo que no llega.
Ellos están absortos de su viaje y su llegada a ese lugar que acordaron estar a una hora determinada.
Y bajas de nuevo a la calle para ver si por fin lo ves llegar.
Pero no, solo vez luces amarillas, motos que pasan, autos que te ignoran, que no saben que estas ahí.
Y a lo lejos una ambulancia con una sirena fuerte pasa velozmente.
Vos seguís esperando, esperando algo que no sabes si va a llegar a tu encuentro.
Y pensas que podrías ir a otra parada a tomarte otro colectivo, pero tendrías que caminar una cuadra mas atrás y en ese trayecto tal vez venga el colectivo que estas esperando ahora y por eso no te arriesgas.
Y la gente que sigue caminando y tu tiempo que sigue corriendo.
Y un taxi no por que esta caro, y caminar tampoco por que hace frió.
Una noche con frió, una noche donde la luna esta hermosa y los colectivos que no te corresponden siguen pasando. Y cuando frena alguno en el semáforo te pones detrás de este para que te de un aire caliente y te abrigue en la espera.
Y vos que caminas inquieto, bajando y subiendo el cordón observando a lo lejos si en algún momento se va aparecer el 85, a ver si distinguís ese color verde y amarillo.
Pero todavía no, y siguen pasando las horas, los minutos, los segundos…esperando un colectivo que en algún momento llegará mientras el mundo ahí afuera se cae a pedazos.

lunes, 16 de junio de 2008

La noche de los feos

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia. Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas. Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura. Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal. Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente. La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó. La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo. Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo. "¿Qué está pensando?", pregunté. Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma. "Un lugar común", dijo. "Tal para cual". Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo. "Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?" "Sí", dijo, todavía mirándome. "Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida." "Sí." Por primera vez no pudo sostener mi mirada. "Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo." "¿Algo cómo qué?" "Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad." Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas. "Prométame no tomarme como un chiflado." "Prometo." "La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?" "No." "¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?" Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata. "Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca." Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico. "Vamos", dijo.

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse. Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así ví su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron. En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso. Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas. Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra. Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

lunes, 31 de marzo de 2008

El paraíso imperfecto



Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.


Augusto Monterroso

martes, 25 de marzo de 2008

La fabula de un idiota

Cuenta Tagore una fábula de un idiota:

En un pueblo Indio, había un muchacho al que llamaban "el idiota",un visitante extranjero oyó hablar del chico y quiso averiguar el porqué.
Un día de mercado, lo vio, entre un grupito de gente, se acerco y observó. Alguno de los contertulios, le enseñaban una moneda de 100 dinares en una mano y una de 5 dinares en la otra, y le daban a elegir; el muchacho pensativo, acababa por elegir la moneda de 5 dinares y con ello causaba grandes risotadas a todos. Ese es el idiota, jajaja. Provocando que varios, en el afán de reírse del muchacho, le continuaban poniendo las monedas, acabando siempre por la risa.
El extranjero, indignado con la situación, llamó al muchacho aparte y le dijo:Pero chico, como consientes tanta burla, risas y que te llamen el idiota? Cuando te ofrezcan las monedas, no seas tonto y elige la de 100 dinares, que tiene 20 veces más valor y evitarás que se burlen de ti. El muchacho le contestó: Señor, yo no soy idiota, si eligiera la moneda de 100 dinares ganaría una vez, pues no provocaría risa ni afán de ofrecerme más monedas, mientras que eligiendo la de 5 dinares cada vez, he reunido muchísimo más dinero de 100 dinares y ellos siempre tienen ganas de ofrecérmelas otra vez para reírse.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Vive como creas que es mejor

Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo. Así, se fueron los tres con su burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba:
Mirá ese chico mal educado... él arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas. Entonces, la mujer le dijo a su esposo: No permitamos que la gente hable mal del niño. El esposo lo bajó y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: Mirá qué sinvergüenza ese tipo ...... deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima.

Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: ¡ Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! y pobre hijo ¡ qué le espera con esa madre!.
Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje. Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían: Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!...
Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: ¡Mirá a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos!.
  • Conclusión

Siempre te criticarán, hablarán mal de ti y será difícil que encuentres a alguien a quien le conformen tus actitudes.
Entonces: ¡vive como creas!, haz lo que te dicte el corazón. . . ¡lo que sientas! La vida es una obra de teatro que no permite ensayos... Por eso: canta, ríe, baila, ama... ¡y vive intensamente cada momento de tu vida...! ...antes que el telón baje... y la obra termine sin aplausos.

[Charles Chaplin]

domingo, 24 de junio de 2007

Domingo


Cada vez que camino por las calles oscuras del domingo, casi lunes, miro el cielo azul con estrellas plateadas y me pregunto por qué razón estamos en este cosmos esferoidal.
Viendo pasar mi vida, pensando miles de cosas, cruzo varias cuadras para llegar a casa. “voy a ninguna parte”, digo, fatigado de andar sin encontrar respuesta a tonta pregunta. Cuestiono este mundo capitalista, tan hostil, tan misterioso. No pudiendo sacar conclusiones, me sumerjo en un mar de dudas. Pienso como de un día para el otro cambiamos la infancia hermosa pero efímera por un mundo lleno de responsabilidades.
Miro las calles llenas de cansancio y cierro la puerta del hall de la entrada.
Subo, entro en la casa silenciosa. En mi cuarto, todo está como lo dejé.
Espero que venga el sueño y, ya recostado en mi cama, siento a mi sombra descansando a mi lado, abandonada y presente.
Me resigno a soportar mis dudas, trato de convencerme que todo irá bien, que las cosas saldrán como quiero.
Cada domingo, no sé por que, al llegar las siete de la tarde, mi cabeza empieza a apagarse y me hundo en una melancolía atroz; siento que caigo y me impongo ánimos. No quiero darme por vencido.
Cuando voy a comer con mis amigos, el tiempo va pasando entre risas, reflexiones y cigarrillos y mi mente se aquieta, pero mis titubeos solo están aletargados, listos para despertar en cualquier momento.
Ya en la despedida, terminando el café y fumando el último cigarrillo salgo ala calle y percibo la noche como de cristal. Imagino que se hace añicos. Ya es lunes otra vez, empieza la rutina. Cuando despierte, en pocas horas habrá empezado definitivamente una nueva semana y ya tengo ganas de que sea sábado otra vez, o por que no domingo.


Jok€r




domingo, 17 de junio de 2007

El Regalo



Bennet Cerf relata su conmovedora historia de un ómnibus que iba dando saltos por una ruta provincial del sur.

En un asiento un anciano delgado, sostenía un ramo de flores frescas. Al otro lado del pasillo, había una jovencita cuya mirada se fijaba una y otra vez en las flores que llevaba el hombre. Llegó el momento en que el anciano tenía que bajarse, impulsivamente arrojó las flores sobre la falda de la jovencita, “veo que le gustan las flores – dijo-, y creo que a mi mujer le gustaría que las tuviera usted, le diré que se las dí ”. La chica aceptó las flores y luego observó que el anciano bajaba del ómnibus y atravesaba el portón de un pequeño cementerio.

domingo, 10 de junio de 2007

Fabula del Sapo y el Escorpión

Hubo una vez un sapo que estaba en la orilla de un lago, estaba descansando en una roca, observando el cielo, un escorpión lo observaba de atrás de unos arbustos, se acercó al sapo y le dijo:-¿me ayudarías a cruzar al otro lado del lago? Yo me subo en ti y tu nadas hasta el otro lado.-No, no puedo hacerlo, si tu te subes en mi, puedes picarme y voy a morirme.-Piénsalo,yo nose nadar si yo te pico en el lago tu morirás, pero también yo moriré, por que si tu te hundes yo me hundo y moriré junto contigo, solo quiero ir al otro lado, ¿me ayudarás? Después de meditarlo por unos segundos el sapo accedió; -Está bien, yo te ayudaré, te llevaré al otro lado del lago y luego tu seguirás tu camino -Estoy de acuerdo El escorpión subió en el sapo, y con mucho esfuerzo el sapo ya iba a mitad del lago cuando sintió un picotazo en su cabeza, inmediatamente se detuvo y le preguntó al escorpión:-¿por qué me picaste? Ahora moriremos los dos.-Disculpame, no quise hacerlo, pero no pude evitarlo… esa es mi naturaleza.

Anónimo - África